El futuro ¿por ningún lado?

Relatos de chicas romaní desde las periferias de Nápoles

Kitti Baracsi

Extracto de un capítulo publicado en el libro “Gender and Migration. A Gender-Sensitive Approach to Migration Dynamics.” Traducido por Marta Ruffa. Revisado por L. Valentina Coral Gómez.

Con este artículo pretendemos abrir un espacio de (auto)crítica y debate sobre el papel de la intervención social en la reproducción de las desigualdades en grupos estigmatizados. Por lo tanto, nos gustaría conocer vuestras reflexiones acerca del tema.

>>El hecho de hablar de “otras mujeres” parece situar el sexismo en la otra cultura, en el otro grupo, ignorando así las complejas problemáticas estructurales subyacentes. Este proceso a menudo contribuye –no siempre de manera intencional- a la percepción de que las críticas al racismo y al sexismo se excluyen mutuamente. Además, este tipo de planteamiento promueve a menudo una especie de feminismo “blanco burgués” cuando se define y lucha contra el sexismo dentro del grupo, en vez de apoyar a las propias actoras y actores a encontrar sus propios objetivos y métodos de resistencia (Delphy, 2015). Volpp expresa preocupaciones parecidas: “No vamos a obtener nuevas posibilidades a través de una inmutabilidad simplista y binaria de la diferencia y de la homogeneidad, de las mujeres frente a los hombres, y de “nosotros” frente a las minorías y a las comunidades de Tercer Mundo. Tenemos que aprender a ver y cuestionar las múltiples, superpuestas y discretas opresiones que ocurren  tanto dentro como a través de las comunidades blancas/occidentales y de Tercer Mundo/no-blancas. De lo contrario, nos quedaremos atascadas en la batalla del feminismo contra el multiculturalismo” (Volpp, 2001: 1218).

Aunque la interseccionalidad represente un punto fundamental dentro de los debates de investigación feminista (Christensena y Qvotrup Jensen, 2012), debemos tener cuidado de no despolitizarla. Bilge critica la apropiación del término “interseccionalidad” y su abuso tanto en el ámbito político como en el académico: “Así como pasa con las sistemáticas declaraciones de compromiso con la igualdad y la diversidad, la interseccionalidad ornamental permite a las instituciones y a los individuos ganar renombre por sus buenas relaciones públicas y su “renovación de imagen”, sin que tengan la necesidad de enfrentarse realmente a las estructuras subyacentes que producen y mantienen la injusticia.” (Bilge 2013: 408)

De igual manera, el hecho de hacer hincapié en las mujeres romaní tanto en su papel de “víctimas” como en su papel de “agentes clave” para la emancipación de la comunidad, es tomado en mi campo de investigación sin las necesarias reflexiones relativas a las problemáticas más amplias de la desigualdad de género, ni con respecto a los demás problemas estructurales (que reproducen y refuerzan los problemas anteriormente descritos). Esto prueba como dicho enfoque pueda ser transformado e incorporado en la práctica cultural esencialista preexistente. La cantidad de proyectos dirigidos a mujeres romaní, financiados tanto por privados como por la Unión Europea, ha ido creciendo durante los últimos años tanto a nivel nacional como internacional y por lo general parecen incluir un enfoque de derechos de las mujeres o de emancipación. Pero en la práctica, dentro de los contextos concretos en los que trabajo, todo eso genera a menudo un círculo vicioso: las problemáticas inherentes a la escolarización y la salud se delegan totalmente en las mujeres, puesto que ellas representan “las claves de acceso a la comunidad”, lo que por otro lado a menudo refuerza el tradicional reparto de roles y aumenta sus cargas, añadiendo aquellas relativas a la satisfacción de las expectativas del profesorado y de los/las trabajadores/as sociales, entre otros actores.

Esa feminización de la etnicidad en los proyectos a nivel local refleja los discursos políticos a nivel más alto, sobre los que Kóczé escribe: “el Consejo de Europa ha atendido las cuestiones de la minoría y la diversidad únicamente con respecto a la cultura y a la tradición. La insuficiencia de dicha conceptualización radica en que esta no enfatiza ni las causas socio-estructurales y profundamente enraizadas de las desigualdades. Las mujeres romaní se consideran como “mediadoras” entre sus comunidades y la sociedad. Esta visión obliga a las mujeres a desempeñar un rol de género de “mantenedoras de paz” en el cual tienen que buscar la reconciliación antes que la justicia.” (Kóczé, 2009: 54)

(…)

Gheorghe en la introducción de un reciente número especial sobre el feminismo romaní pregunta “¿Qué es lo que tenemos que hacer para repensar a las mujeres romaní no como problema social sino como sujeto político?” y subraya la falta de atención a los derechos reproductivos y a la violencia estructural, mientras que “se les reduce a su pertenencia étnica y/o a un problema social, dificultando su identidad de género o situándola en sus cuerpos y basándose en fundamentos biológicos” (Gheorghe, 2016: 15). En un artículo anterior, Vincze analiza el fenómeno de la racialización de las mujeres romaní en Europa. Basándose en el caso de Rumanía, describe el silenciamiento de las voces de las mujeres romaní con el pretexto de las políticas identitarias y de inclusión social. También habla de la introducción de una “falsa actitud feminista, que parecía profundamente preocupada por su subordinación a las normas de la comunidad por lo que concierne al matrimonio y la maternidad precoces”. El artículo subraya el doble reto que las feministas romaní enfrentan trabajando para la protección de los derechos de las mujeres y de los niños dentro de sus propias comunidades, mientras que al mismo tiempo luchan contra el imaginario tradicional que en efecto reproduce creencias “en virtud de las cuales los/las romaníes son una “raza inferior” que utiliza prácticas de vida premodernas/primitivas” (Vincze, 2016: 164.).

En todo caso, no se trata de un fenómeno unilateral. Como expresa Piasere, el pueblo romaní reacciona y se adapta siempre a las políticas no-romaní, pero “en todos estos casos, nosotros vemos sistemas romaní flexibles, abiertos, nunca definitivos, siempre fuertemente localizados y variables; siempre influenciados por las políticas de los payos en su hacer y deshacer, pero nunca a la completa merced de estas mismas políticas, a las que las familias romaní reaccionan a través de modalidades a menudo totalmente impredecibles para los payos.” (Piasere, 2004: 88).

(…)

Estas historias muestran claramente como, a nivel local, incluso los objetivos más loables pueden transformarse y terminar reproduciendo una imagen estigmatizada de las chicas romaní. Es por lo tanto fundamental darse cuenta de las maneras en que las instituciones contribuyen a establecer factores que reproducen problemas ya vigentes.

Los enfoques esencialistas desvían nuestra atención hacia los problemas de ciertos grupos. De esta forma no se enfrentan ni las lógicas patriarcales de la sociedad mayoritaria que generan múltiples desventajas para ciertos grupos, incluso las chicas romaní, ni tampoco se enfrentan a las políticas que producen y reproducen el contexto socioeconómico en el que dichas desventajas se concretan.

Podemos ver claramente como la vulnerabilidad de las chicas se ve reforzada por la lente cultural de las instituciones que, al mismo tiempo, parecen abandonarlas. Definiéndolas en primer lugar como romaní, parece fortalecer los procesos que contribuyen aún más a su exclusión. Muchas de las problemáticas descritas en este capítulo se habrían tenido una mejor solución si los/las romaníes no fueran considerados como un grupo ‘cultural’ especial dentro del contexto político migratorio, porque de esta manera se le habría atribuido una mayor atención a la situación real que enfrentan en términos legales, de racismo y de desigualdades estructurales. Por consiguiente, las intervenciones que apuntan al empoderamiento de mujeres y chicas romaní y a cuestionar el patriarcado dentro de estas comunidades, deberían poner atención en todo momento al contexto más amplio y enfocarse en su estatus legal, así como al acceso que tiene a los servicios y al mercado laboral. Sin esto, se corre el riesgo de aumentar su carga y responsabilidades, sin influir en las circunstancias causales generadas mayoritariamente por las actuales políticas que conciernen la migración romaní.<<

Kitti Baracsi: Future: Nowhere? – Stories of young Roma girls from Neapolitan peripheries. In: Timmerman, Fonseca, Van Praag, Pereira (eds.): Gender and Migration. A Gender-Sensitive Approach to Migration Dynamics. Leuven University Press, 2018. 

 

 

Pubblicato in: .

Rispondi

Inserisci i tuoi dati qui sotto o clicca su un'icona per effettuare l'accesso:

Logo di WordPress.com

Stai commentando usando il tuo account WordPress.com. Chiudi sessione /  Modifica )

Google photo

Stai commentando usando il tuo account Google. Chiudi sessione /  Modifica )

Foto Twitter

Stai commentando usando il tuo account Twitter. Chiudi sessione /  Modifica )

Foto di Facebook

Stai commentando usando il tuo account Facebook. Chiudi sessione /  Modifica )

Connessione a %s...